¡TENGO UN SUEÑO!


“¡Tengo un sueño! Dios me mostró que me llama para servirle a ésta y a la siguiente generación, y ser para Él un líder transformador” -¿Te parece conocido? Muchos hemos iniciado el ministerio de servicio al Señor de esa forma, ¡con un sueño!. Han sido 13 años de servicio permanente, habiendo servido en todas las áreas posibles en la iglesia, a la comunidad de hermanos en diferentes espacios de incidencia, comités, etc.

Han sido innumerables los testimonios de quienes han sido inspirados por el Señor en convertirse en líderes para ésta generación; muchos son los que inician con entusiasmo y pasión contagiante, fácilmente trasmitimos la pasión a otros, el compromiso mostrado a los demás es un detonante para generar un gran movimiento en el Señor, generando un gran avivamiento.

Ese es el sueño ideal para todo joven, es la meta de todo aquel recién convertido en el caso de no haber nacido en el seno de una familia cristiana, cómo fue mi caso. Hasta ahí, todo va muy bien, hasta que nos encontramos con la realidad de las circunstancias. No todo será fácil, no todos creerán en ti y menos en tu visión, no todos estarán dispuestos a arriesgarse en seguirte, no todos estarán confiados en invertir en ti, y podría seguir con una larga lista de impedimentos por las que NO encontrarás apoyo ni respaldo de las personas más cercanas a ti... Pero, hay una, una sola que debe importar al emprendedor, al que carga con la visión de Dios: “Si Dios te da una visión, con ella, te dará la provisión”, el secreto está en no rendirte.

“¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; No estará delante de los de baja condición”. –Pr. 22:29

Ciertamente, todas las historias de quienes han logrado lo que hoy tu simplemente sueñas, tienen como común denominador la PASIÓN inquebrantable, el TRABAJO arduo y la DEDICACIÓN persistente. Por tal razón, quien decida perseguir una visión, debe considerar aplicar estas tres disciplinas para lograr con éxito nuestros proyectos y ministerio. Así mismo, dejar de correr ciertos riesgos por ir tras una visión o construir un ministerio de dinamismo, de empuje, y de avanzada, por temor es un verdadero riesgo. No hay nada peor que tener temor de hacer algo, tener pánico a fracasar en el intento; pues eso es normal sentirlo cuando nos dirigimos hacia lo desconocido e inseguro, pero lo más riesgoso es creerlo, pues lidiando por tiempos prolongados con el temor y el pánico producen con mucha facilidad la negligencia.

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