Cumpliendo la Misión de Dios en la Gran Ciudad


INTRODUCCION

En los últimos años, la Iglesia de Dios ha estado tratando de enfocar su tarea evangelizadora hacia los centros urbanos. Ahora estamos intentando plantar iglesias en las grandes urbes de Latinoamérica como una gran tarea pendiente y urgente.

El ministerio de Jesús y los apóstoles fue enfáticamente urbano, y “al ver las multitudes tuvo compasión de ellas”. Pablo continuó el estilo del gran Maestro; saliendo desde una gran ciudad, Antioquia, para visitar los grandes centros urbanos de su tiempo, como Éfeso, Corinto, Atenas, Filipos y finalmente Roma.

Por alguna razón que no entendemos, nuestra amada iglesia en Latinoamérica ignoró esa parte tan vital de su ministerio, y quizás haciendo honor a su origen campesino, evadió las grandes ciudades y se fue a la montaña. Muchas veces inicio en una ciudad, pero al no tener mucho éxito ministerial allí, se trasladó al campo, al área rural. Es la misma historia en muchos de nuestros países.

I. UNA NUEVA VENTANA MISIONERA

Nuestros desafíos misioneros se multiplican cada día. Hoy, no sólo nos sigue retando la llamada “ventana 10-40”, sino que han surgido otras como la ventanas “4-14” enfocada en el rescate de la niñez, también aquella formada por las naciones que fueron antiguos bastiones del cristianismo y están retornando a una condición de campos misioneros; tal es el caso de Europa y Estados Unidos de América.

Pero mientras esto sucede, hay otra gran ventana misionera que ha estado abierta ante nuestros propios ojos, la cual debe inquietarnos profundamente e impulsarnos a emprender acciones atrevidas, “sin dejar de hacer aquello”. Me refiero al inmenso desafío de alcanzar las grandes ciudades de Centro y Latinoamérica, las cuales se expanden cada día y parece que “tragan a sus moradores” sin que les alumbre la luz de Cristo.

Hasta hace apenas dos siglos, la única mega ciudad en el mundo era Londres; pero hoy son incontables las ciudades del planeta que cuentan su población por millones de habitantes. Muchas sobrepasan los diez, veinte o treinta millones. Varias de estas megaciudades se encuentran en Latinoamérica y constituyen para nosotros un gran desafío misionero. Solo en la pequeña Centroamérica, encontramos la ciudad de Guatemala con más de cinco millones de habitantes, y otras cinco capitales cuya población ronda los dos millones.

¿Qué vamos hacer para alcanzar estas grandes metrópolis para Cristo?

II. ALZANDO NUESTROS OJOS HACIA LOS CAMPOS URBANOS.

1. Urbanismo y Redención.

La vida humana comenzó en el campo, ligada a la tierra y a la belleza natural de la creación; pero el hombre terminó construyendo ciudades para habitar. Con la urbanización llegó la multiplicación de la raza humana, pero también de la maldad. Sin embargo, aunque las ciudades fueron un invento humano, Dios diseñó desde la antigüedad un plan para redimirlas (Gn. 3:15)

La caída del hombre ocurrió en el campo, pero el plan de redención se consumó en una ciudad. Ese plan redentor de Dios inició en el jardín de Edén, pero su consumación en la ciudad de Jerusalén. Allí también ocurrió la resurrección de entre los muertos, el derramamiento del Espíritu Santo; y el Señor retornará en gloria al mismo lugar de donde fue alzado al cielo (Hch. 1:10-11)

Todo está destinado para consumarse en ciudades, incluso nuestra morada eterna será una ciudad, la Nueva Jerusalén. Sin embargo, después de veinte siglos, pareciera que la iglesia del Señor no esta consciente de esta realidad y no se ha preparada para alcanzar las grandes urbes, donde todo concluirá.

2. Un abismo peligroso que hay que salvar.

Cada día que pasa el pensamiento urbano se distancia más de la iglesia y del evangelio de Cristo. La brecha se vuelve casi insalvable. Pero mientras el mundo muda su pensamiento constantemente, se envuelve en huecas filosofías, un nuevo lenguaje tecnológico y confusas corrientes espirituales; la iglesia se auto justifica, diciendo que a la gente de la ciudad ya no le interesa Dios ni el evangelio, que son duros, se han modernizado, se han vuelto carnales, materialistas, etc.

Pero la realidad es muy diferente; la iglesia se quedó estacionada en décadas y siglos anteriores, mientras el mundo cambia aceleradamente. En muchos casos, la iglesia de la gran ciudad sigue conservando y tratando de imponer su ruralidad a los citadinos; quiere seguir usando el lenguaje, la vestimenta, las costumbres y la cultura de la aldea en un mundo absolutamente diferente.

3. Hay una profunda necesidad espiritual en la ciudad.

Sin importar la apariencia y la cultura de la gente, hay una cosa cierta: Necesitan a Dios, y lo necesitan urgentemente. Están llorando por dentro, se sienten vacíos, sin esperanzas, solos y confundidos… Necesitan urgentemente a Dios. Las personas caminan por las calles como autómatas. Llevando dentro de sí su propia tragicomedia. Padecen pobreza, crisis familiares, enfermedades incurables, peligros, amenazas, violencia, desempleo, etc… Necesitan urgentemente a Dios. ¿Pero cómo oirán sin haber quien les predique?

Por otra parte, suelen estar cansadas de tanta religión; de catedrales, iglesias, capillas, templos, ministerios, carpas, etc. Lo que la gente necesita son respuestas, y no siempre la iglesia las ofrece.

Solo debemos alzar nuestros ojos y mirar las ciudades, porque ya están blancas y listas para la siega; están esperando ser conquistadas por el reino de Dios a través de la iglesia. Pero no se puede pretender ganar las ciudades de hoy si la iglesia no se actualiza y contextualiza; si no aprovecha los múltiples recursos del urbanismo y se especializa para hacer una misión urbana altamente efectiva.

4. Hay salvación para la ciudad.

Si el Señor de la Mies caminara hoy por nuestras ciudades, de nuevo nos exhortaría diciendo: “A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la Mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:37-38)

Dios quiere salvar las ciudades. Allí está la mayor concentración de personas, recursos, medios de comunicación y necesidades humanas; pero también está el mayor potencial de obreros cristianos, que estarán dispuestos a regar la semilla del evangelio y eso es todo lo que Dios necesita para salvar y rescatar las multitudes urbanas.

Pero también hay que pensar que allí están los recursos financieros y logísticos para llevar el evangelio a los lugares más distantes y rescatar la nación entera. Es tiempo de revertir la costumbre histórica y trabajar a la inversa; no trayendo el campo a la ciudad, sino aprovechando los recursos urbanos para ganar todos los rincones de cada país.

III. COMO HACER LA MISION URBANA EFICAZMENTE

Hacer misiones urbanas no es solo establecer nuevas congregaciones en la ciudad, sino lograr que estas se vuelvan relevantes a sus moradores; y eso solo ocurre cuando la iglesia dice y hace algo que capte la atención e interés de la gente urbana. En la ciudad las cosas son muy diferentes a las de la aldea.

1. Las Estrategias son Diferentes. Una campaña evangelística que tanto impacto tiene en la aldea, suele ser inefectiva y hasta molesta para los vecinos de colonias y barrios urbanos. En cambio, el uso de los medios masivos de comunicación, como la televisión, el periódico, la radio, las redes sociales, las vallas de carretera, y sobretodo el relacionamiento personal; pueden producir impacto positivo en las multitudes urbanas.

2. La Preparación Personal debe ser diferente. En la zona rural usted puede usar el lenguaje coloquial del pueblo y todos le entenderán, pero si usa el mismo lenguaje en la ciudad, muchos le criticarán o ridiculizarán y pronto dejarán de escucharle.

Por otro lado, hay que tomar en cuenta que el fenómeno de la urbanización se ha extendido por las diferentes regiones de cada país. Las aldeas mas pobladas cuentan generalmente con todos los recursos de la ciudad; tales como centros educativos, presenciales o a distancia; medios de comunicación, electricidad, internet, televisión por cable, centros de salud, etc.; por lo que se hace necesario y más bien urgente, que los líderes de las iglesias mejoren su preparación personal, en lo académico y ministerial; a fin de estar a tono con dichas circunstancias.

Esas dos áreas de desarrollo personal son importantes para el líder de hoy… como siempre lo ha sido. Vemos el caso de Apolos, un fogoso predicador judío, quien era muy elocuente, conocedor de las Escrituras y muy intelectual; pero fue necesario que una humilde pareja de artesanos lo entrenara apropiadamente sobre asuntos ministeriales, para que su ministerio fuera realmente efectivo (Hch.18:24-28)

3. Los métodos de evangelismo deben ser diferentes. Diferentes a los métodos tradicionales, los cuales han dejado de ser eficaces en la mayoría de los casos. En vez de seguir tocando insistentemente a las puertas, sin resultados significativos, podemos intentar cosas nuevas como las siguientes:

a. La Visita Referida. Consiste en visitar los hogares con la referencia, o mejor, el acompañamiento de una persona que conozca a esa familia, como un buen amigo o un pariente.

b. La Visita de Oración. La iglesia realiza una campaña de oración por sus vecinos y les visita casa por casa, para orar por ellos y tratar de presentarles el evangelio, una vez dentro de su casa.

c. Las encuestas socio-religiosas. Se pueden usar para conocer a fondo la condición del vecindario y tener un banco de datos para evangelizar todas las familias.

d. El uso de los medios masivos de comunicación.

• La radio y la televisión. Aunque la mayor parte de la audiencia de estos medios es cristiana, siempre hay muchas conversiones y reconciliaciones de personas que los usaron

• Las redes sociales. Es increíble la cantidad de personas que pasan permanentemente conectadas a estos medios y una iglesia puede lograr que sus miembros los usen, no para publicar frivolidades, sino para publicar el mensaje de Cristo.

• El correo electrónico y el mensajito celular. Son muy rápidos y efectivos; se están usando eficazmente por muchos ministerios de las ciudades.

4. La ciudad ofrece muchas oportunidades.

a. Los grandes males de la ciudad pueden ser al mismo tiempo grandes oportunidades ministeriales para la iglesia.

• La pobreza urbana abre puertas para desarrollar un ministerio social efectivo.

• Las crisis emocionales, los conflictos familiares y otros, crean la necesidad de ministerios de consejería, familia, etc. A la postre, todo esto atraerá muchas personas a Cristo.

a. Las migraciones y los movimientos internos de la ciudad abren grandes puertas al evangelio.

• Las ciudades atraen multitudes que llegan constantemente de diferentes lugares. Al llegar estarán desorientadas por algún tiempo, pero terminaran apegándose a quien los atienda primero. Puede ser la iglesia, las sectas, las pandillas, las diversas corrientes políticas, o el crimen organizado.

• También las familias están en constante movimiento. Muchas no tienen casa propia y alquilan una; otras se mudan a nuevas urbanizaciones donde han adquirido su vivienda. La iglesia debe aprovechar este fenómeno para bien. Se estima que hasta el 80% de las familias que se mudan a un nuevo vecindario, irán a la iglesia, si ésta las atiende debidamente en los primeros 30 días.

• Es obvio que la iglesia debe despertar y aprovechar estos movimientos urbanos para salvación y para su propio crecimiento.

5. Consejos a tener en cuenta al evangelizar en la ciudad.

a. Nunca se debe tocar la puerta de un desconocido. En medio de esta situación peligrosa nunca se sabe lo que se puede encontrar en las casas. Lo que debemos hacer es ampliar la red de contactos de la iglesia, al sumar los parientes, amigos y vecinos de todos nuestros miembros. Siempre que se haga una visita debe participar la persona que tiene el contacto.

b. No se debe dar una imagen de intolerancia ante las diversas expresiones de culto o manifestaciones culturales de la ciudad. Debemos mantener nuestros valores bíblicos y nuestra identidad como iglesia, pero tratando de entender las diferentes manifestaciones de la mundanalidad presente, para poder ganar a los pecadores para Cristo.

 Pablo usó la imagen de los altares idolátricos de Atenas para captar el interés de los oyentes (Hch. 17:16-23)

 Jesús mismo era duramente criticado por relacionarse públicamente con pecadores (Lc. 5:29-30, 15:2)

c. Nunca debemos parecer muy religiosos o dogmáticos. El mismo Cristo que murió y resucitó en una ciudad, sigue salvando gente del campo, de la barriada, de la gran metrópoli y de la montaña más remota. El mensaje debe ser presentado de una manera comprensible sencilla, pero adecuado al contexto cultural de los oyentes.

IV. PREPARANDO LA IGLESIA PARA CONQUISTAR LA CIUDAD.

Cuando Jesús envió a los setenta volvió a insistir en lo mismo que había dicho al inicio de su ministerio. “A la verdad la mies es mucha y los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies” (Mt. 9:37-38; Lc. 10:2). Hay que considerar en este relato lo siguiente, que tiene que ver con el presente tema:

1. Los envía a las ciudades donde él ha planeado ir (Lc.10:1). En ese tiempo, el porcentaje de la población que vivía en las ciudades era poco, pero el Señor sabia que el ministerio en ellas era clave por la gran influencia e impacto que estas producían sobre el resto de la población. Solo imaginemos el impacto que la iglesia urbana haría hoy, al ganar multitudes y generar avivamiento en las ciudades, cuando mas de la mitad de la población es urbana.

2. Les pide que visualicen la necesidad y oren por otros obreros (v.2)

3. Les advierte que encontraran mucha oposición (v.3) Esta siempre es de esperarse en la ciudad y en el campo, porque estamos en medio de una lucha espiritual por el rescate de la humanidad.

4. Les da instrucciones claras de como proceder al llegar con su ministerio a las ciudades (vs.4-9)

5. Al regresar de esa misión los discípulos presentan su informe y el Señor continua su entrenamiento (vs.17-20) De la misma manera, la iglesia urbana debe mantener un plan de discipulado y entrenamiento constante de obreros y lideres, a fin de salir al paso de los obstáculos al evangelio, que cada día tratara de imponer el enemigo, tener algo que decir y mostrar a los moradores de la gran ciudad necesitados de salvación.

CONCLUSION

La iglesia del siglo XXI tiene ante sus ojos un desafío gigantesco: Cumplir la misión de Dios en la gran ciudad. No es tarea fácil, pero es la misión de Dios y la iglesia tiene los recursos y la sabiduría suficientes para realizarla con éxito.

Si pretendemos salvar al mundo, tendremos que salvar las ciudades primero, y en eso tenemos la certeza de que Dios está de nuestro lado.


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