Aprenda Amar el Lodo


Has estado en situaciones difíciles y te ha costado superarlos y vencerlos, éste artículo es para ti.

Hace un algunos años un pastor norteamericano, a quien yo considero un mentor, tuvo una conversación conmigo acerca del ministerio pastoral.

Él escribió en una hoja las iniciales N.M.N.M. Yo le pregunté qué significaba eso y él me dijo: “No es. No ministry” (Traducción: Sin complicaciones no hay ministerio) Sí, yo también quedé confundido cuando oí esto.

Yo le pregunté que estaba tratando de decir y él me respondió, “Luís, cuando estaba en el seminario, mi profesor de predicación nos dijo esto: Muchachos, si ustedes piensan que el ministerio pastoral se trata solamente de predicar, están totalmente equivocados. De hecho, quiero que siempre recuerden esto: Sin complicaciones no hay ministerio. Si no están teniendo complicaciones con las personas que discipulan en su ministerio quiere decir que no están haciendo nada.”

Y creo que esto sigue siendo bastante cierto. El ministerio es complicado. Porque el ministerio se trata de personas. Y las personas somos complicadas.

Un predicador cierta vez dijo: “Yo amo predicar. ¡Son las personas las que no soporto!”

Escribo sobre esto porque es común tener la mentalidad ingenua que el proceso de santificación de una persona es como la línea de ensamblaje que Henry Ford usó para producir sus modelos T cada 10 segundos.

Es decir, a veces pensamos que si las personas hacen A + B entonces naturalmente obtendrán C. Si la gente pone esto por obra, entonces serán cristianos radiantes de clase mundial.

Ahora, no tengo nada en contra de los procesos de discipulado y los sistemas de crecimiento espiritual que propician el camino hacia la madurez cristiana, hasta que todos crezcamos en conformidad con la imagen de Jesús.

Esto no es malo, de hecho la vida cristiana debe estar guiada por principios que vienen de la sabiduría infinita de Dios.

Pero, el problema viene cuando en nuestro trato con las personas tenemos el paradigma de “Si tan sólo...entonces....” Si tan sólo tu grupo de jóvenes pusiera en práctica lo que tratas de enseñarle, entonces no pasarían por lo que están pasando.

Si tan sólo tus hijos hicieran caso a tus regaños, entonces no estarían en tantos problemas.

Si tan sólo los miembros de tu iglesia hicieran caso a uno de los cincuenta y dos sermones que predicas en el año. Si tan sólo tus empleados cumplieras tus expectativas, entonces el negocio crecería aún más.

Ahora, ¿por qué esto es un problema? Porque lo que esto hace es generar una frustración dentro de nosotros. Una frustración causada por una mentira: la madurez debe ser un proceso aerodinámico y sin complicaciones.

Pero, si tienes cierto tiempo de trabajar con personas. No sólo en el ámbito pastoral. Sino, en educación, administración de personal, recursos humanos, gestión del talento humano, etc. tienes una corazonada que formar gente no es lo mismo que ensamblar máquinas. Las tornillas y tuercas, por un lado, no se quejan, ni critican, ni chismosean ni mienten. Pero, las personas sí. Y eso lo vuelve complicado.

Por eso, mi consejo, que no necesariamente vale mucho, es que si no te gusta ensuciarte las manos, por favor no entres al ministerio vocacional. No lo digo como quien tiene una vasta experiencia.

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