18 de Julio


“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro, No podéis servir a Dios y a las riquezas” ( San Lucas 16:13)

Las riquezas muchas veces se convierten en ídolos de nuestra vida. Nosotros debemos elegir entre nuestras prioridades familiares, donde vamos a poner a Dios y donde vamos a pones nuestras cuestiones materiales, sean pocas o sean muchas.

No estamos hablando solamente de gente que tiene barcos, automóviles, grandes mansiones, compañías, etc. No tiene nada que ver con la cantidad de dinero que podamos tener en los bancos. Este es un concepto que tiene que ver con nuestra actitud hacia la vida. Uno puede tener un dolar en el bolsillo, y sin embargo tener a las riquezas como al dios de su vida. Es la actitud la que vale. Es importante notar, sin embargo, que en los últimos tiempos lamentablemente, hay mucha gente que quiere usar a Dios para servir a las riquezas.

Muchas veces nuestra relación con Dios se limita a cuestiones materiales. Nuestra conversación con Dios se limita a decir: “Señor, bendíceme, sáname, ámame, perdóname. Y el “Me” se convierte en el centro de atención del universo. Estamos viviendo en una sociedad de consumo y hemos aprendido a consumir a Dios. Lo concebimos un proveedor de servicios. Él espera que nosotros también tengamos riquezas para servirle y nuestra relación con El esté centrada en Él y no en nosotros. Nuestra prioridad debe ser Dios mismo y no, lo que nos da.


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