21 de Diciembre


“Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.” ( San Mateo 1:20 )

José era un carpintero y, como tal, muy probablemente, era un hombre sencillo y práctico. El hombre acostumbrado a la madera y a la piedra, tenía que convertirse en un hombre de sueños y destino. ¿Por què José? Para cumplir su plan, Dios necesitaba un carpintero. Precisaba de un hombre fuerte, firme y práctico, pero también sensible a la voz de Dios. Necesitaba alguien que se quedara apacible junto a una joven virgen que podía haber sido objeto del ridículo, aunque llevara en su vientre la esperanza del mundo. José era fuerte pero compasivo; era capaz de conducir la agotadora expedición a Belén y al pesebre; de amar y de confortar a la madre de Cristo. José, como el hombre de la casa, fue el primer maestro que enseño a Jesús la ley de Dios. Luego en Jerusalén, cuando el muchacho tuvo doce años y se hizo evidente que su primera lealtad debía ser para con el Padre, José fue el hombre que humildemente y en silencio se hizo a un lado y dejó que Dios pasara al frente.


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