23 de Septiembre


La historia del hijo pródigo se suele usar para hablar de los «apartados». Usamos esta palabra para referirnos a aquellos que no vienen más a la iglesia, que se alejaron de Dios, o que están fríos espiritualmente (cosa que solemos juzgar por la cantidad de reuniones a las que asisten). Pero no hace falta dejar de asistir al templo para estar fríos. Sólo con dejar de orar empezamos a ser hijos que no hablan con papá Dios. Cierta vez Martín Lutero dijo: «Tengo tanto para hacer hoy, que me voy a pasar las primeras tres horas del día en oración». Y fue una decisión muy inteligente. Empezar el día conversando con Dios es muy importante. Y digo conversando porque no sólo se trata de hablarle, sino también de escucharlo. Además, ¡si vivimos conscientes de su presencia no podemos levantarnos en la mañana y no saludarlo! La oración crea esperanza y poder. Hablar con Dios nos calienta el corazón, y es por eso que cuando pasamos mucho tiempo sin hablar con Él se nos enfría la relación

«No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4.6-7)

¿Cómo está tu vida de oración?

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